miércoles, 13 de enero de 2010

NEITH

Neith, también llamada Tehenut "La Libia", es una antiquísima diosa egipcia cuyo culto proviene del periodo predinástico, en el cual tenía forma de escarabajo, después fue diosa de la guerra y la caza, y diosa inventora.
Esposa de Seth y madre de Sobek en el Imperio Antiguo, considerada protectora del faraón, e identificada con la abeja. Protege asimismo a Osiris y a Ra con sus flechas que adormecen a los malos espíritus.
En el Imperio Nuevo se convierte en la "diosa madre", ser andrógino creador de dioses y hombres, la que engendró el universo a través de siete flechas (o siete palabras, pues también se decía que creaba a través de la palabra) con las que hizo surgir la colina primordial.
En el periodo saíta es una diosa nacional y se la proclamará "Madre de todos los dioses".

En su aspecto funerario es la diosa protectora de los muertos, la que inventó el tejido (por lo que se convierte en patrona de los tejedores) y ofrece tanto las vendas como el sudario para los difuntos.

- Para que no me sigáis preguntando que significa Neith :)

martes, 12 de enero de 2010

Beta

Rosas y descargas eléctricas, el caqui de los Deltas y una vaharada de asafétida, indisolublemente relacionados entre sí antes de que el niño sepa hablar. Pero el condicionamiento sin palabras es algo tosco y burdo; no puede hacer distinciones más sutiles, no puede inculcar las formas de comportamiento más complejas. Para esto se precisan las palabras, pero palabras sin razonamiento. En suma, la hipnopedia.
- La mayor fuerza socializadora y moralizadora de todos los tiempos.
Los estudiantes lo anotaron en sus pequeños blocs. Directamente de labios de la ciencia personificada.
El director volvió a accionar el interruptor.
- ...terriblemente inteligentes - estaba diciendo la voz suave, insinuante e incansable -. De verdad, me alegro muchísimo de ser Beta, porque... - No precisamente como gotas de agua, a pesar de que el agua, es verdad, puede agujerear el más duro granito; más bien como gotas de lacre fundido, gotas que se adhieren, que se incrustan, que se incorporan a aquello encima de lo cual caen, hasta que, finalmente, la roca se convierte en un solo bloque escarlata.
- Hasta que, al fin, la mente del niño se transforma en esas sugestiones, y la suma de estas sugestiones es la mente del niño. Y no sólo la mente del niño, sino también la del adulto, a lo largo de toda su vida. La mente que juzga, que desea, que decide... formada por estas sugestiones. ¡Y estas sugestiones son nuestras sugestiones! - casi gritó el director, exaltado -. ¡Sugestiones del Estado! - Descargó un puñetazo encima de una mesa -. De ahí se sigue que...

lunes, 11 de enero de 2010

1930

- Tan sólo las tierras malas. Tan sólo basura. Tan sólo subproductos. Tan sólo efectos colaterales... Estoy tratando de decirte que los científicos lo quieren de esa manera: quieren subproductos, basura, cicatrices y efectos colaterales. Es una forma de tranquilizarse. Eso se incorpora a la trama de la ciencia y es un desastre cada vez mayor.
- Entonces, ¿cuál es la respuesta?
- Desháganse de los que son inteligentes. Retírenlos del poder.
- Pero entonces perderíamos todos los progresos...
- ¿Qué progresos? La cantidad de horas que las mujeres dedican al cuidado del hogar no ha cambiado desde 1930, a pesar de todos los progresos. Todas las aspiradoras, lavadoras-secadoras, trituradoras de basura, eliminadoras de desperdicios, telas que se lavan y se usan sin planchado... ¿Por qué limpiar la casa requiere tanto tiempo, todavía, como en 1930? -...- Porque no ha habido progreso ninguno. No verdadero progreso. Treinta mil años atrás, cuando los hombres estaban haciendo pinturas rupestres en Lascaux, trabajaban veinte horas semanales para abastecerse de alimento, refugio y vestido. El resto del tiempo podían jugar, o dormir, o hacer lo que quisieran. Y vivían en un mundo natural, con aire puro, agua pura, hermosos árboles y ocasos. Piense en eso: veinte horas por semana. Hace treinta mil años.
- ¿Quiere volver atrás el reloj?
- No: quiero que la gente despierte. Hemos tenido cuatrocientos años de ciencia moderna y, en este momento, deberíamos saber para qué sirve y para qué no. Es hora de cambiar.
- ¿Antes de que destruyamos el planeta?
- Oh, querida: eso seria lo ÚLTIMO de lo que me preocuparía.